Pitos despreciables. Por Fernando Cuesta

El pitar o el silbar, desde los tiempos remotos se convirtió en un ‘idioma’ primitivo. El primer idioma de la humanidad. El hombre tenía capacidad para impulsar y utilizar medios paralelos a la palabra. Descubrió que con ciertas posturas de los labios y expulsando aire podía emitir sonidos. Fue, junto con el fuego, un descubrimiento básico, pero efectivo y eficaz como medio para comunicarse. Digamos que ese silbido fue un pilar fundamental para desarrollar las palabras. Y podríamos afirmar que fueron los cimientos que han llevado a que pudiéramos entendernos a través de las palabras, de los diferentes idiomas que tienen en el silbido a su ‘creador’. El hombre de las cavernas, los primeros hombres que habitaron la tierra inventaron un método de comunicación muy precario, como es el silbido, pero se fue convirtiendo incluso en un instrumento de súper vivencia.

Desde hace cientos y cientos de años, el silbido servía para la comunicación, incluso a distancia dado que la emisión del sonido tenía un gran alcance. Incluso silbar era una herramienta esencial para la existencia. Se empleaba para avisar, por ejemplo, que se había encontrado alguna pieza para poder cazarla, sacrificarla y poder alimentarse para seguir viviendo. Sin olvidar que silbar formaba parte de las estrategias empleadas para la guerra. En la actualidad, silbar se ha erigido en una manera de reflejar sentimientos o emociones. En unas ocasiones sirven para expresar admiración, ánimos y en otras ocasiones para todo lo contrario. Para protestar o expresar su rechazo y cercenar el ánimo.
Debemos también señalar que el silbido se ha utilizado y continúa como una herramienta para el piropo.

Además, el silbar se ha sumado a las composiciones musicales y a veces con un más que notable éxito. No podemos pasar de puntillas el silbido en el deporte. Al progresar esos silbidos se han podido elaborar instrumentos de sustitución como los silbatos. Los árbitros en las diferentes modalidades deportivas utilizan el silbato para ordenar el juego. Pitar al principio y al finalizar los encuentros y mientras trascurre el juego mediante ese silbato, denunciar las violaciones de la ley del juego. Hasta ahora, esa evolución de algo tan primitivo como silbar, he señalado que tiene numerosos aspectos positivos y que ayuda a los ciudadanos en su mejora de la calidad de vida. Pero como todo también hay vertientes negativas. Lugares, espacios y momentos donde el silbar constituye una gran falta de respeto y llega hasta ser insultante. Me refiero a lo que ocurrió recientemente en la final de la Copa del Rey de fútbol celebrado en el campo de la Cartuja en la ciudad de Sevilla. Se enfrentaban los dos finalistas AT de Madrid y Real Sociedad de San Sebastián.

Como suele suceder en estos encuentros, una vez que el Rey llegó al estadio y antes del comienzo de la final, se procede, a través de los altavoces a que suene el himno nacional español. Desde 2016 una parte del público se dedica a silbar mientras se escucha las notas del himno español. El hecho se ha hecho habitual cuando llega a la citada final Real Sociedad, Barcelona y ATL de Bilbao. Podríamos decir que silbar se ha convertido en una herramienta de protesta y de insulto. Y debo señalar que los que, con una falta total de educación, no respetan la música que representa a todos los españoles, se podría decir que son unos inconscientes, pero sobre todo unos cobardes de pacotilla. Su rechazo a los españoles no lo esgrimirían abiertamente en cualquier calle de Madrid o León, por citar dos ciudades españolas. Son gentecilla que no han canalizado su repulsa hacia todo lo español dado su escaso nivel intelectual.

Recurren a darse a notar, ya que seguramente en sus hogares a buen seguro apenas son tenidos en cuenta. El campo de futbol es el mejor escenario para volcar las frustraciones y los fracasos y, como he dicho, desde 2016 este tipo de gente ha encontrado un canal de desahogo. Muchas de esas personas que pitaron al himno de este país, los pasados días, también forman parte, seguramente, de la escuela bilduetarra. Son generalmente jóvenes que han sido captados por el nacionalismo rancio y criminal como es la banda ETA. Son personas a las que se las ha adoctrinado en las escuelas públicas e ikastolas para heredar el odio a España. El odio a su país. Lo lamentable es que comentaristas del encuentro de futbol de la RTVE, sin vergüenza y sin complejo ninguno, esa pitada al himno lo han definido como libertad de expresión. Algo que no encaja en un estado de derecho. Expresar públicamente rechazo claro y contundente a símbolos que representan a España no se encuadra en la libertad de expresión, son actos que atentan e insultan a los ciudadanos.

Lo contrastable de todo ello es lo que ocurrió en otro encuentro entre España y Egipto. También hubo rechazo a los ciudadanos musulmanes cantando “el que no bote es musulmán”. Las autoridades españolas pidieron disculpas al embajador de Egipto que se encontraba en el estadio para poner en marcha una investigación. En reacción a la pitada al himno de España, parece que los españoles, para los gobernantes de este país, no tenemos derecho a que se busquen a los autores. Da la impresión que para los que nos gobiernan no estamos a la altura, para que se investigue y se busquen a los ‘silbadores’ y, de ese modo, hagan frente a sus responsabilidades, al contrario de los musulmanes, que van a poder visualizar y conocer las sanciones y a los autores de los cánticos ofensivos.

Suspensión del partido

Considero que lo correcto sería suspender los encuentros que se vayan a celebrar si se pita mientras se escucha el himno español. Es una medida muy dura, pero es la mejor alternativa a pesar de lo que ello pueda significar. No apuesto por multar o sancionar, creo que es mas resolutivo esta medida. Porque la suspensión es la mejor sanción y el mejor método para que se tomen medidas para evitar esta indecencia, falta de respeto e insulto a todos los españoles. España no puede permitir que su imagen quede manchada por unos personajes que solo buscan notoriedad y exhibirse ante sus ‘maestros’ del odio a este país. España está por encima de estos siniestros personajes y, por ello, todos debemos arrinconarles hasta su total depuración.