Con el agua por encima del cuello. Por Fernando Cuesta

El PSOE es un partido del que presumen, en mayor medida y, sobre todo, sus dirigentes, de sus 145 años de honradez. Prácticamente un siglo y medio han transcurrido desde que Pablo Iglesias decidiera fundar un partido de izquierdas con los pilares del ideólogo Karl Marx. A diferencia de las opiniones de sus dirigentes actuales, no ha habido muchas etapas de las que se pueda estar orgulloso de militar en la formación. Salvo con numerosos matices, algunas de las etapas en la que fue líder Felipe González han sido medianamente salvable. Sobre todo, en la primera legislatura de gobierno del líder sevillano.

Aunque también las etapas en las que González estuvo al frente del ejecutivo, la corrupción penetró en el socialismo, aunque con lo que está sucediendo en la actualidad, queda a años luz. Diríamos que fue un “juego de niños” en relación a la actual corrupción. A pesar de ello, se ha venido trasmitiendo una falsa realidad, gritándolo a los cuatro vientos muchos de los dirigentes de la formación política, en un claro ejercicio de perversión.

Los hechos no parecen corroborar esa afirmación que, desde las filas socialistas, lo expresan cada vez que tienen oportunidad. Con un complemento, un valor añadido que es consecuencia de esa autodefinición o “autobombo”. El PSOE no solo presume de esa falsa honradez que equivale a presumir de embuste y, por tanto, si el infundio y el bulo no es suficiente, lo amplifica dando lecciones de ética pura porque, además considera que tiene la exclusividad de la autoridad moral.

Pero lejos de todo ello, se está vislumbrando que el PSOE repite la historia. Copia de lo que ocurrió en el siglo pasado cuando la derecha ganó las elecciones y, pese a ello, el socialismo que lideraba Largo Caballero no admitió su derrota y en 1934 dio un golpe de estado que no triunfó. Ahora sucede lo mismo. El PP ganó las elecciones y no gobierna por acuerdos entre las fuerzas de izquierdas que ha dado al PSOE la lleve de la gobernabilidad. Una llave que está siendo utilizada de manera rastrera estos días. Pero se está destapando que se repite la historia rompiendo sus principios y valores, de los que presume como en el siglo pasado.

Y lo que es peor está defraudando, estafando y timando a todos los que hasta ahora confiaron en ellos. Además, han establecido como pilar fundamental de esos valores contaminados el bulo, la mentira y el engaño. Desde hace tiempo, de manera pública y de forma contundente, los pilares de esa honradez y de esos principios de los que presume los está vertiendo en el estercolero. Se encuentra el PSOE, por consiguiente, a las puertas de su auto defenestración y camino de su auto clausura. Está a punto de cerrar “el negocio” bajando la persiana, con un cartel de grandes dimensiones en el que dice: “EL NEGOCIO SE CIERRA POR FALTA DE CLIENTES”.

La corrupción que ha salpicado al socialismo y en el que en algún caso tiene atrapados a sus más destacados líderes, como el expresidente del gobierno Rodríguez Zapatero, se convierte en la primera frase de un largo epitafio. El registro que ha llevado a cabo durante más de 12 horas la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil), en la sede madrileña del PSOE ubicada en la calle Ferraz, confirma que los presuntos delitos en los que están implicados varios miembros del socialismo se están sustanciando. El juez Pedraz, que lleva el caso de la “fontanera” militante del PSOE Leire confirma, ordenando el registro, la gran corrupción que salpica a los socialistas.

Aunque no sólo se ha llevado a cabo el registro en la sede central de los socialistas, también la UCO, ha llevado acabo el registro en la vivienda del socialista ex secretario de organización, Santos Cerdán, en la localidad navarra de Milagro. Y lo mismo ha sucedido en la oficina del que fuera líder socialista en Andalucía, Gaspar Zarrias. Y otro de los registros más llamativos es que la UCO ha realizado un registro en la dirección general de la Guardia Civil.

Huye siempre que puede

Mientras todo esto sucedía, el máximo responsable de los socialistas y presidente del gobierno, Pedro Sánchez, se encontraba muy lejos de España. Se había trasladado de visita al Vaticano para reunirse con el Papa. En definitiva, sospechaba lo que iba a suceder y ha huido de la “quema” como lo hizo en la localidad valenciana de Paiporta. Huyó de la localidad cuando visitaba a los damnificados de la DANA, que se llevó por delante a varias víctimas y dejó arrasados cientos de casas y cosechas, porque no estaba dispuesto a escuchar el malestar de las víctimas. De ahí que se le haya apodado como “el galgo de Paiporta”.

Como un roedor que huye del barco que se hunde, Sánchez imita a las ratas que corren para evitar que el agua les cubra y se ahoguen. El presidente del gobierno se agarra a cualquier clavo ardiendo para continuar por encima de las aguas, viendo como sus compañeros van desapareciendo devorados por los tiburones. Sánchez se ha convertido en un carnicero político. Va despiezando a quienes ya no les sirven para su proyecto personal. Ábalos, Cerdán, y a punto está de hacerlo también con Zapatero, porque para el líder socialista son herramientas que han servido para continuar siendo inquilino de la Moncloa. No cabe ninguna duda y por tanto, está muy claro que Sánchez ha dejado de interesarle el partido. Ha renunciado a liderar el partido de Pablo Iglesias, para liderar su futuro y el de su familia. Está utilizando los instrumentos del poder para ejecutar sus objetivos que no están en consonancia con quien está al frente de un partido y de un país.

Desde que llegó a la presidencia del gobierno, los casos de corrupción están colapsando el país y, a la vez, están empujando hacia los juzgados al socialismo. Su proyecto de gobernabilidad no existe, tal vez nunca existió. Lo que sí tenía escondido es un plan que nada tiene que ver con un proyecto político, un proyecto de país. Ese plan clandestino solo encaja en la acera de enfrente de la ley. Sánchez y su “banda” nunca tuvieron voluntad de limar las rugosidades de nuestra democracia. Mintieron cuando en la moción de censura que ganaron se comprometieron a diluir la corrupción. Nunca tuvieron intención de mejorar la vida de los ciudadanos porque lo único que han demostrado es que solo quería alcanzar el poder para servirse de él, para estafarnos y pisotear la democracia.