Bambi: ¿Víctima o verdugo? Por Ignacio Tusurya de Huegun

Cualquier lector que ame un poco la Historia y se deje guiar por libros solventes en relación al tema que vamos a tratar hoy aquí, evitando folletos de propaganda y documentales de La 2, podrá darse cuenta de que la actual guerra de Irán, que va a ser la tercera guerra mundial, ha empezado de la mano de los mismos fautores que iniciaron las dos anteriores, metiendo en el conflicto, desde dentro y contra la voluntad del pueblo americano, al gobierno de los EEUU, a costa de la sangre de los soldados de este país, auténtica carne de cañón para la consecución de los intereses de una determinada mafia muy poderosa, extendida por todo el mundo y firmemente asentada en el poder político y económico en los países occidentales; una mafia que dice ser una raza, un pueblo especial, descendiente genético y religioso de los protagonistas de cierto libro sagrado, pero que realmente no es tal, sino impostores que dicen ser pero que mienten, y que están al servicio de su padre, el Diablo, dicho en palabras de Nuestro Señor, no en las mías.

Esta mafia milenaria cuyo origen se remonta al reino jázaro, de raza turca y religión talmúdica, que se desarrolló entre los siglos VII y X entre los mares Caspio y Negro, fue progresivamente desplazándose hacia el este de Europa: Rusia, Polonia, Hungría, Rumanía, Países bálticos, y especialmente Alemania, en la que desarrolló una lengua propia similar al alemán y asumió apellidos germánicos. A raíz de las persecuciones o pogromos rusos contra ellos, a finales del XIX emigraron masivamente a Inglaterra, EEUU, Sudamérica y, en menor medida, a Palestina. En este movimiento se encontraron en Europa con correligionarios suyos de origen racial diferente (bereberes y fenicio-cartagineses principalmente), descendientes de los diversos pueblos que asumieron el fariseísmo talmúdico en toda la cuenca del Mediterráneo desde mucho antes de Jesucristo.

Introducidos en los círculos de poder económico y político de Occidente principalmente por medio de la usura y su influencia corruptora sobre la cultura, la ciencia, la filosofía y las artes, llegaron, gracias a su sorprendente habilidad, a amasar grandes fortunas y a influir sobre los gobiernos, entrando en ellos y dirigiendo sus finanzas, a su favor, con gran maestría. A ello contribuyó su fuerte solidaridad interna, la negativa a mezclarse con otras razas, su abstinencia de trabajos serviles productivos y, sobre todo, su mística religiosa que les hace sentirse especiales y llamados a dominar el mundo, con absoluto desprecio de los que no son de su sangre.

El origen de la Primera Guerra Mundial parece estar en la enemistad entre Alemania y Francia a raíz de la derrota de ésta en 1870; en conflictos de interés entre Alemania y Rusia; en el pánico de Inglaterra a la competencia que le supondría el ferrocarril Berlín-Bagdad; y en la política de alianzas secretas entre países. Lo que sí sabemos, y en la película Kingsman, el origen se cuenta a medias, es que ciertos personajes de esta mafia estuvieron malmetiendo entre las diferentes potencias antes y durante la guerra, y después, en los términos leoninos en los que se redactó el Tratado de Versalles, causa fundamental de la segunda gran guerra, realmente la segunda parte de la misma tras veintiún años de armisticio. Así, el embajador de EEUU en Turquía, Henry Morgenthau (cuyo hijo en 1944 propuso la división de Alemania y la esterilización de todos los alemanes) escribió un libro falso acusando a Alemania de iniciar la guerra; o el todopoderoso Bernard Baruch, quien como escudero del presidente americano Wilson dictó los términos de Versalles, junto con otros corraciales en la misma posición tras los mandatarios inglés y francés. 

La gran jugada de esta mafia internacional se produjo, sin embargo, en 1916, cuando teniendo  Alemania ganada la guerra con el apoyo de la misma, por el deseo de venganza de ésta contra Rusia por las persecuciones pasadas, y por su tradicional arraigo en el país germánico en el que se hallaban todas sus organizaciones políticas, recibieron la negativa de Turquía al Kaiser para entregarles la Palestina, y ahí todo se torció: poderes ocultos tras el gobierno de Wilson obligaron a éste a entrar en guerra en Europa contra las potencias centrales, Alemania y Austria, mientras que un auténtico golpe de estado de gentes de esta mafia se hizo con el control de Rusia tras la Revolución de octubre, con el apoyo de sus parientes, financieros de Nueva York (Warburg, Morgan, Rockefeller), para iniciar una auténtica masacre de rusos desde el poder; prácticamente el cien por cien de los miembros de los primeros gobiernos soviéticos eran miembros de esta mafia, y muchos venían directamente de los EEUU, como León Bronstein, alias Trotsky.

Poco más tarde se reafirmaría el apoyo de Occidente a las finanzas soviéticas con los tratados anglo-soviético y de Rapallo en 1921 y 1922, quedando la banca soviética bajo el control de los Aschberg, mafiosos también. En 1917, la llamada declaración Balfour será el regalo de Inglaterra a los Rothschild para la constitución de un Estado en Palestina, a cambio de la derrota de Alemania, operada finalmente por la carta blanca del asesor de defensa del presidente norteamericano, el citado Baruch, para que soldados contagiados de gripe entraran en Europa. Tal fue la verdadera causa de la derrota de los germanos, junto con el inicio de otra revolución soviética en su territorio de manos de los mafiosos Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg en 1918: una auténtica y definitiva puñalada por la espalda.

Como dijimos, los términos abusivos del Tratado de Versalles llevaron a la Segunda Guerra Mundial, iniciada, esta vez sí, por la presión insoportable ejercida sobre Alemania por poderes ocultos en los gobiernos de los buenos, Inglaterra, Francia y EEUU, con la colaboración indispensable de Polonia y Checoslovaquia como tontos útiles. Pero esta vez los mafiosos no eran escuderos de segunda dirigiendo las cuerdas de mandatarios occidentales, sino de estos mismos mandatarios en persona: Roosevelt, presidente norteamericano miembro de esta mafia junto con más de la mitad de su gobierno, incluyendo al inefable Bernard Baruch, ya había apuntado maneras en la primera guerra cuando siendo responsable de la Marina propuso el bloqueo y sitio por hambre a Alemania. León Blum, primer ministro francés, mafioso junto con parte de su gabinete. Winston Churchill, mafioso por parte de madre, quien ordenó los bombardeos sistemáticos sobre población civil desde el primer día de su mandato, junto con su secretario de guerra Hore-Belisha y unos cuantos ministros más; y por supuesto, Iosef Stalin, junto con la mayoría de sus comisarios.

La guerra a Alemania le fue ya declarada por la Mafia en 1933, al tiempo del ascenso de Hitler al poder. La tradicional equivalencia entre fascismo-nazismo-capitalismo frente al comunismo se deshace como un azucarillo en el café desde el momento en que los parientes mafiosos a ambos lados del Atlántico, el capitalismo neoyorkino y londinense y sus corraciales en Moscú, se alían para forzar el aislamiento de Alemania y evitar el golpe de Estado a la finanza internacional bajo su control que supuso el novedoso sistema económico nacional-socialista. Por eso no debe extrañarnos que, en una nueva ayuda, ingentes suministros de armas y alimentos atravesasen el Atlántico desde EEUU con destino a los puertos del norte de la Unión Soviética, gracias a lo cual pudo sobrevivir ésta a la ofensiva germana. Alemania quería para sí los mismos derechos de autodeterminación proclamados en Versalles: la población germana de los Sudetes checos, Austria (cuya unificación a Alemania habían reivindicado los comunistas cuando tenían la sartén por el mango en los años 20) y un simple corredor ferroviario y por carretera a la Prusia Oriental, aislada por el corredor de Danzig.

Sin embargo, se le respondió con matanzas entre la abundante población alemana en Polonia, como el caso de Bromberg, perpetrado por mafiosos polacos. Con la excusa de salvar a Polonia (después de no haber movido un pelo frente al ataque ruso a Finlandia y la anexión soviética de los países bálticos) Inglaterra y Francia, o mejor, sus dirigentes mafiosos, decidieron iniciar una guerra sacrificando a connacionales que no les importaban nada, porque no eran de su sangre, con el fin de acabar con Alemania y llevar a buen término su proyecto sionista en Palestina. Al final, tras la mayor matanza de cristianos de la Historia, Polonia y medio Europa quedaron en manos del comunismo; Inglaterra, como Francia, perdió su Imperio de la noche a la mañana corroído por el independentismo marxista, y se constituyó por fin el Estado mafioso en Palestina; pero a fin de cuentas, a ambos lados del telón de acero mandaban los mismos, la Mafia.

Se repite la historia

Hoy se vuelve a repetir la historia, pero con mayor evidencia que entonces: ya no parece que haya nada que ocultar a este respecto. Sabemos que Trump tiene orígenes mafiosos, y que su yerno y su hija también andan metidos hasta las trancas en la secta Jabad-Lubavitch. Macrón también pertenece a la Mafia, como Christine Lagard, Vladimir Zelenski, Vladimir Putin, Claudia Sheimbaum, Boris Johnson, Ángela Kasner-Merkel, todos los Papas del Vaticano II desde Pablo VI a Benedicto XVI, como ya dijimos en otro artículo; aunque las figuras más destacadas se encuentran en las grandes empresas y en la finanza internacional, desde Facebook, pasando por Disney hasta Blackrock, y sin duda el gobierno estadounidense cuenta con más mafiosos que el de Netanyahu.

De modo que, señores, ya podemos decir a quién mató Bambi, sí, no me he equivocado, porque Bambi es un cuento con retranca apologética de un mafioso llamado Félix Salten o Salzmann. Bambi mató a aquéllos que desprecia, porque no son de su sangre, no pertenecen a su mafia, sino que son seres inferiores subhumanos, tal y como afirma su Talmud, de modo que para la consecución de sus anhelos mesiánicos, esta mafia es capaz de sacrificar cuanta carne de cañón sea necesaria, en especial aquélla que habita en Occidente y que es el verdadero descendiente genético y espiritual de Abraham, Isaac y Jacob, cuya identidad hay que robar sin que quede prueba de ello: Vd y yo, entre muchos otros. Por eso esta guerra de Irán nos va a traer muchas tribulaciones. Váyanse preparando, vamos a acabar como los pobres palestinos.