¿Qué hago hoy con mi fe? Por Ignacio Tusurya de Huegun

Creo que resulta evidente para cualquiera que los tiempos están cambiando en este fin de ciclo para dar a luz a algo nuevo. Después de siglos de imperio de Satanás sobre la Tierra (Lc. 4, 6), cuyo yugo parece hoy más fuerte que nunca porque ya no tiene rival y sabe que le queda poco tiempo (Ap. 12, 12), sin embargo, parece que Dios está haciendo su trabajo de hormiga sobre todo en el alma de los más jóvenes, quienes han comenzado a buscar explicaciones y remedios a la penosa situación intelectual, moral y espiritual de nuestros días, a través de la Filosofía, la Política y la Religión. Efectivamente, ya no se creen las milongas democráticas y progresistas del paraíso en la Tierra nacidas de los borbotones de sangre derramados por las revoluciones francesa y soviética, ni los embustes de la Ciencia moderna (ver mi artículo aquí: La Ciencia-Ficción como nueva religión progresista), ni los disparates de la Economía soviético-capitalista (ver igualmente: Los engaños fundamentales en Economía), ni los absurdos del ateísmo institucionalizado, ni el supermercado de abortos mentales de la Historia de la Filosofía, ni el bazar de cultos de la libertad religiosa instituida por el Concilio Vaticano II, por la que Dios parece estar aceptando como propias y como medio de salvación una religión y su contraria. En definitiva, nuestros jóvenes están hartos de un nihilismo devorador de almas en este oscuro pozo sin fondo en el que les ha tocado vivir.

En el orden intelectual, toda la Filosofía moderna debe ser desechada, desde el judío Spinoza, pasando por Leibniz, Descartes, Hegel, Kant, Nietzsche, Marx, Sartre y toda la recua de embaucadores gnósticos que han configurado el pensamiento moderno y contemporáneo a la luz de la Cábala judaica, madre del progresismo, del idealismo y del nihilismo hoy imperantes. Sólo la Filosofía escolástica realista de Santo Tomás, con fundamento en Aristóteles, debe ser reconocida como válida. En el orden político, igualmente, hay que rehuir la modernidad iniciada por el maquiavelismo renacentista, y volver a la Política medieval cristiana racional del bien común y de la Ley natural con visión de justicia social, proclamada por el citado santo en su Gobierno de los Príncipes, y sólo entrevista posteriormente, y de aquella manera, porque la modernidad todo lo pringa, en ciertos momentos del Imperio Español y, sobre todo, en los fascismos del s. XX.

En mis dos recientes libros que a esta juventud dedico, El Holocausto de la Iglesia Católica y Apokalypsis, intento dar respuestas filosóficas y teológicas claras para tomar una posición firme de fe y de inteligencia con el fin de afrontar este ominoso presente. No me dirijo a los sin fe en Cristo, que no agradan a Dios y se condenan sin remedio (Heb. 11, 6) ya que sin Él pueden dar rienda suelta a sus bajas pasiones sin remordimiento, sino a aquéllos con fe y buena voluntad que se hallan perdidos en un mar de engaños. Y ésta es, precisamente, la primera lección de este artículo: todo en esta sociedad es un engaño de Satán, en todos los órdenes, político, filosófico, científico, histórico, económico, incluido el religioso, representado por la secta del Vaticano II, mal llamada Iglesia Católica. Aléjense de sus parroquias (salvo para rezar el Rosario) y de los okupas y sectarios (neocatecumenales, carismáticos, opusdeístas, etc.) que en ellas habitan, y cierren los oídos a sus herejías. No estarán en el Cielo juntos los que siguieron doctrina, mandamientos y sacramentos de la Iglesia Católica y los que siguieron los de la secta del Vaticano II, porque una cosa y su contraria no pueden ser medio de salvación.

El rey David, frente a un gigante, Goliath

En un artículo anterior en este Diario, El fin del Papado, advertí de que la práctica totalidad de los que se llaman sacerdotes y obispos católicos no son tales, sino herejes laicos, incluyendo al Papa, y de que ya no hay misas en el mundo en las que se ofrezca eficazmente el Sacrificio de la Hostia al Padre, por lo que la Redención ha llegado a su fin. La Iglesia Católica, fuera de la cual nadie se salva, la constituimos el remanente fiel de aquéllos que seguimos con la doctrina de siempre, con los mandamientos de siempre y con los sacramentos de siempre, algunos ya imposibles, como una Misa eficaz. Habrá Iglesia en la Tierra mientras quede vivo uno solo de nosotros, y la misma subsistirá hasta el fin de los tiempos como perduró la de Japón sin sacerdotes durante trescientos años: Bautismo y Matrimonio no necesitan de sacerdote; la Confesión en peligro de muerte se puede efectuar en solitario con acto de contrición perfecta o dirigida a otro bautizado; y existen la Comunión espiritual y las diferentes indulgencias de la Iglesia para salvarse. No son imprescindibles para la santificación y la salvación ni los sacerdotes, ni la Confirmación ni la Extrema Unción.

Otro punto fundamental que indica el fin de ciclo y la proximidad de un cambio trascendental, aparte del fin de la Redención, del Papado y de la Iglesia jerárquica, es que el desarrollo tecnológico actual amenaza seriamente el mantenimiento del ser humano como tal, cosa que no entra en los planes de Dios para el futuro, manifestados por Él en el libro del Apocalipsis, y quien da rienda suelta al libre albedrío humano sólo hasta cierto límite. Aparte de que, al paso que vamos, este sistema se va a convertir en un infierno en vida por el control técnico brutal sobre nosotros, incluido lo más íntimo, lo que está claro es que, como en los tiempos de Noé (Gén. 6, 4), el genoma humano se está manipulando y mezclando con bestias, poniendo en riesgo la propia esencia del hombre, y del mismo modo que entonces se desató el Diluvio, ahora ha de venir la Gran Tribulación de Mateo 24, como medio de salvar al hombre a través de su muerte y resurrección para el Milenio, porque esta carne y la sangre no entrarán en el Reino de Dios. Y así, de la unión de ángeles y mujeres surgieron los gigantes, los dioses de la Antigüedad, cuyas almas son los demonios, quienes buscan reencarnación en cuerpos humanos genéticamente adaptados para ello, y a tal efecto la marca y el número de la Bestia. Por eso se arrasó Sodoma, por el intento de ayuntarse con los ángeles que acompañaban a Lot. La Babel intercomunicada en una sola lengua para desafiar a Dios tampoco fue de su agrado, de ahí que se le diera abrupto fin.

Se impone, por tanto, y dada la situación descrita, un cierto pietismo comunitario con fe y con obras como norma para unos tiempos de apostasía general predicha por San Pablo (2 Tes. 2, 3) en los que la citada Tribulación parece inminente, como preludio al fin de los tiempos y al alumbramiento de la Iglesia de Filadelfia, la del Milenio, porque el mundo no se acaba todavía, sólo este sistema satánico toca a su fin. Dios da la gracia donde conviene y el Espíritu sopla donde quiere, no es necesaria la Iglesia institucionalizada a la que estábamos acostumbrados y a la que no hay que echar de menos, porque el plan de Dios es instituir otra fase más de su única Iglesia que se remonta hasta Adán y los Patriarcas: así como acabó la religión mosaica, acabará la católica y vendrá otra dispensación nueva, con laicos como nuevos sacerdotes, al igual que los Apóstoles. Es por ello que conviene afinar el juicio intelectual formándose en la Filosofía escolástica y educar el espíritu con una correcta Teología tomista netamente católica, así como comprender correctamente ciertos puntos fundamentales de la Biblia; tal ha sido el propósito de mis dos libros para la joven generación que vive estos días siniestros.

El Israel católico

Y resulta fundamental también que comprendan que la raza de Israel, raza en el sentido genético de descendientes de Shem, Abraham, Isaac y Jacob, ha sido aquélla que ha constituido la Iglesia Católica en Occidente, como descendientes de las diez tribus exiliadas a Asiria ochocientos años antes de Cristo, y después emigradas a Europa y mezcladas con los parientes colaterales semitas de Abraham que son los indoeuropeos de Mitanni, gentes todas a las que evangelizó San Pablo (Hechos 9, 15); aquella raza que llevó el Antiguo y el Nuevo Testamento junto con sus genes por todo el Orbe para propiciar con esto la recepción de la fe, pues existe una predestinación racial perfectamente determinada en la Biblia. Acabado el tiempo de la evangelización en los momentos actuales de apostasía general, y llegado el cumplimiento del tiempo de los gentiles, el verdadero Israel, nosotros, debe preservar su raza evitando el mestizaje con aquellos pueblos gentiles que llevan en su genoma el pecado de la madre, el gen angélico de la mujer de Noé transmitido a Cam y, por incesto, a Canaan (Gén. 9, 22 y 25; Sal. 108, 14), porque ciento cuarenta y cuatro mil primogénitos de Israel están llamados a comparecer ante el Trono en los tiempos finales. Las cadenas de ADN se representan en los flecos del manto de los hijos de Israel que deben mantenerse libres de prostitución (Núm. 15, 38-39). Los tatuajes están vinculados con los demonios (Lev. 19, 28) y son vía de entrada de su influjo en el cuerpo.

¡Jóvenes de España: vosotros sois los crucíferos de San Francisco de Paula, bajo el mando del Gran Monarca, Caudillo del Tajo! «¡Oh santos crucíferos! Vosotros destruiréis la maldita secta mahometana; vosotros pondréis fin a toda suerte de infieles, herejes y sectas del mundo, y seréis el acabamiento de todos los tiranos; vosotros pondréis silencio con perpetua paz por todo el universo mundo; vosotros haréis santos a todos los hombres, por fuerza o por voluntad. ¡ Oh gente santa ! ¡ Oh gente bendita de la Santísima Trinidad ! Habrá un Gran Capitán de esta gente santa, llamada los Santos Crucíferos de Jesucristo, con los cuales acabará la secta mahometana y el resto de los infieles. Obtendrán el dominio de todo el mundo por las armas, tanto temporal como espiritual, y regirán la Iglesia de Dios hasta el fin de los siglos. Estos siervos de Dios limpiarán el mundo con la muerte de un número infinito de rebeldes. El Jefe y Fundador de esta milicia será el gran reformador de la Iglesia de Dios».

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el Apocalipsis y el fin del mundo y las partes más atractivas de la Biblia para el gran público